ACOMPAÑANDO AL MEJOR AMIGO DEL SER HUMANO
- allisonsmosquera
- 17 sept 2021
- 7 Min. de lectura
Asociaciones y centros de protección animal hacen la importante labor de estar junto a ellos
En España, solo en el mes de mayo de 2020 fueron abandonados más de dos mil perros. Estos datos son de la Real Sociedad Canina de España, que los desvelan para denunciar la preocupante situación que sufren estos animales. Según la misma organización, las cifras de abandono aumentaron un 25 por ciento, pues mayo es uno de los meses del año en los que se produce un mayor abandono. Estos números se hacen visibles en centros y asociaciones dedicados a la protección animal, que durante un tiempo de sus vidas acompañan a estas mascotas.
Pepe Fernández Basterra es veterinario y trabajador desde 2004 del Centro de Protección Animal (CPA) que forma parte del Ayuntamiento de Vitoria-Gasteiz. En el CPA se reciben perros abandonados o perdidos de toda la provincia de Álava. El trabajo fundamental es el de recibirlos, asegurar su salud y mantenerlos el tiempo necesario hasta poder darlos en adopción. Pepe Fernández asegura que los animales se monitorizan, se alimentan y se mantienen en adecuadas condiciones de salud y limpieza durante todo el proceso de estancia en el centro.
En mayo de 2020 más de dos mil perros fueron abandonados.
En cambio, Jorge Toro, que hace nueve años decidió adoptar un perro, confiesa que en esa época “el estado de los perros y donde se encontraban era bastante malo”. Toro es colombiano y en su país de origen tenían un perro. Por ello, él junto a su padre les gustó la idea de tener otro miembro en su familia en España. En ese entonces iban a sacrificar a varios perros, por lo que Jorge Toro rescató a un pastor vasco: “Fue abandonado, estaba delgado y tenía muchísimo miedo de todo”. De hecho, como fue abandonado, tuvo que esperar un mes para llevarlo a su nuevo hogar porque tenía un chip y el CPA quería asegurarse de si venía su antiguo dueño.
Responsabilidades de veterinario
Fernández, como los demás veterinarios del centro, es responsable del bienestar de los animales alojados, de la protección animal y vela por la Salud Pública y la vigilancia de zoonosis, que se trata de un grupo de enfermedades infecciosas que se transmiten de los animales a los humanos. Por otro lado, los cuatro ayudantes de veterinaria se ocupan de observar a los animales y comunicar al personal veterinario las incidencias de salud destacables.
En la página web del Ayuntamiento se puede ver que proponen actividades didácticas para trabajar el concepto de adopción responsable, para la prevención del abandono y la adquisición de una serie de pautas higiénicas encaminadas a prevenir la transmisión de enfermedades entre los animales y las personas.
Pero debido a la pandemia han cambiado la forma de trabajar. Por una parte, se ha instaurado la cita previa como forma de trabajo normalizada, lo que “permite ordenar el trabajo y conocer de forma previa las cargas de trabajo diarias para cada tipo de personal”, explica Pepe Fernández.
“La elevada ocupación de perros de tipología PPP es un problema que se repite en muchos centros de protección animal”, Pepe Fernández, veterinario del CPA.
Sin embargo, en el CPA “tenemos un problema que se repite en muchos otros centros similares al nuestro en todo el país”, expresa preocupado. Y es que el problema viene dado por la elevada ocupación de perros de tipología PPP, es decir, que están calificados como Perros Potencialmente Peligrosos: “Son perros que entran fácilmente, pero que cuesta mucho adoptar. Tenemos algunos que llevan cerca de cinco años”. Villano era uno de esos perros hasta que Rainiel Cabrera lo adoptó: “Fue amor a primera vista. Fue el primero que se me acercó con las orejas abajo como pidiendo ayuda”. Con seis meses fue abandonado y maltratado. “Me costó mucho enseñarle pues les tenía miedo a las personas”, explica. Cabrera lo acogió hace cuatro años porque ya necesitaba una responsabilidad. “Yo era muy sinvergüenza antes”, confiesa entre risas. Recientemente, adoptó otro perro también a través del CPA: “Lo cogimos para que sea hermano de Villano y así no esté solo”. Lo encontraron en Sevilla tirado en una bolsa con sus cinco hermanos.
“Me costó mucho enseñarle pues les tenía miedo a las personas”, Rainiel Cabrera, dueño de Villano.
Cuando los animales son recogidos, éstos se revisan por parte del personal veterinario y, simultáneamente, se registran con un número de registro especifico. Si el examen veterinario lo permite, los animales se vacunan, desparasitan y les ponen microchip. Y efectivamente Jorge Toro lo confirma pues él no tuvo que pagar ninguna vacuna. Además, se confecciona su pasaporte sanitario, se les saca una foto para colgarla en la página web y, por último, se le alojan en las instalaciones.
Las personas interesadas en adoptar pueden consultar la información en la propia web municipal y después mediante cita previa acudir al CPA. En ese momento, “se intenta obtener información útil con el fin de asegurar en la medida de lo posible el éxito de la adopción”, explica Fernández. Información útil, como el modo de vida, el tipo de casa, el tiempo disponible, etc.
Por otra parte, Apasos es una asociación sin ánimo de lucro que lucha por el bienestar animal. Han conseguido el sacrificio cero en perros y gatos desde hace varios años y que, además, esto sea difundido entre la población. Pero a pesar de que los perros no son sacrificados tampoco tienen una vida satisfactoria, expresa el veterinario: “Alguno de ellos terminan con problemas conductuales o bien con patologías derivadas de su confinamiento”. Resignado confiesa que finalmente confía en que aparezcan adoptantes que se animen a darles otra vida.
Historia de Apasos
La asociación fue creada el 18 de septiembre de 2004 por personas que creyeron que era posible mejorar las condiciones de los animales recogidos en el Centro de Protección Animal de Vitoria, evitando que sean sacrificados por el mero hecho de que hayan dejado de ser queridos por sus dueños. Esto se puede leer en su propia página web, como: “ayudar a sus funcionarios del CPA en la tarea, siempre complicada, de atender a los animales abandonados y buscarles un nuevo hogar con las mejores garantías”. Es de destacar que carece de personal contratado en el cual todas las personas son voluntarias.
Una de las labores que realizan los mismos voluntarios de Apasos es la sociabilización de los animales, para ello a diario se les saca del recinto cerrado donde están para que se sociabilicen con las personas y con otros animales, para que no estén aislados todo el día.
Gonzalo Fuste decidió adoptar: “Sin duda no me arrepiento nada y ha sido una de las mejores decisiones que he tomado en mi vida”.
Gonzalo Fuste decidió adoptar porque siempre había deseado “tener esa compañía incomparable que te da un perro. Sin duda no me arrepiento nada y ha sido una de las mejores decisiones que he tomado en mi vida”. Por ello, contactó con la asociación: “Tras mostrar al primer cachorro mediante una fotografía sentí esa conexión que te hace saber que es el animal indicado”.
El momento de la adopción fue “muy buena”, cuenta Fuste, pues se acercaron personalmente a su domicilio y llevaron a la cachorra para que pudiera verla. Pero, debido a que todavía no tenía la edad suficiente para separarse de la madre, tuvo que esperar 15 días. Tras conversar en una oficina con un voluntario, rellenar documentos y firmar diferentes formularios, concertaron una cita para dentro de una semana para poder adoptarla. También desde la asociación le dio la oportunidad de que la chica que estaba como casa de acogida se la llevase para que la viese en persona. Pues las casas de acogidas sirven como ventajas para la asociación protectora: se descongestiona y la propia casa de acogida puede contribuir económicamente con la asociación haciéndose responsable de algunos gastos. No obstante, normalmente, Apasos corre con los gastos de manutención del animal, los gastos veterinarios y otros que puedan surgir. “Tras verla pocos días después fuimos a la protectora a por ella, hasta el día de hoy”, finaliza.
Casos exóticos
Aunque los perros no son los únicos animales que reciben en el Centro de Protección Animal. También tienen gatos e incluso animales exóticos como loros, cacatúas o camaleones. “Lo más extraño que hemos alojado en el CPA han sido un varano y una pitón real. En ambos casos, derivamos estos animales a centros especializados en fauna exótica para asegurar su bienestar”, cuenta anecdóticamente Pepe Fernández.
Por todas estas labores tanto el Centro de Protección Animal y la Asociación Apasos son importantes para la vida de los animales. Hecho en el que concuerda Gonzalo Fuste: “Creo que la asociación realiza una gran labor para ayudar a los animales y creo que sin ellos muchos estarían en la calle o con cualquier dueño que les haría pasar una mala vida. Ojalá existieran más protectoras y más voluntarios que quisieran ayudar a la causa.”
Dueño sin hogar
Encontrar un piso de alquiler para los dueños de perros generalmente suele resultar difícil. Fue el caso de Rainiel Cabrera: “Tuve muchos problemas a la hora de buscar donde vivir. Llegó un momento que estuve a punto de llevarlo otra vez al Centro de Protección Animal porque no tenía donde vivir”.
Según Cabrera, en la mayoría de los casos los propietarios y los inquilinos hacen un acuerdo para que puedan tener a la mascota en el piso, fuera del contrato de alquiler. Esto es debido a que normalmente para los propietarios tener un animal en el hogar significa desperfectos y conflictos con los vecinos. La Ley de Arrendamientos Urbanos no menciona expresamente la prohibición de la tenencia de mascotas en un piso de alquiler. El artículo 4.2 enuncia que “los arrendamientos de vivienda se regirán por los pactos, cláusulas y condiciones determinados por la voluntad de los implicados”. Lo que quiere decir que el propietario tiene derecho a prohibir mascotas en el alquiler si esto figura explícitamente en el contrato.
Por suerte, Rainiel Cabrera encontró la forma de poder quedárselo, gracias a un buen amigo suyo: “Si él no me aceptaba en su casa… a saber qué habría sido de mí y de mi perro”. Actualmente, vive con su pareja y con sus dos perros: Villano y Asor.
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